Nuestra Alma Máter destaca actualmente como la primera institución
de Venezuela en tener el más alto número de miembros adscritos al Programa de Entrenamiento para la investigación (PPI), sistema de reconocimiento a la producción científica y tecnológica de nuestros investigadores. Ello no es casual. Sencillamente, la investigación en
LUZ recae sobre hombres y mujeres de temple que superan,
holgadamente, los retos que supone la actividad científica gracias a
su ingenio, creatividad y constancia.
Gladys Maestre es uno de esos héroes cotidianos.
Pertenece al nivel tres del PPI. LUZ le otorgó su título de médico en 1989. Y debía ser así: de niña fue muy curiosa, imaginativa y perseverante. Su
mamá, bióloga de profesión, inculcó en ella las bellezas escondidas en
la prodigiosa naturaleza. En el bachillerato hace su primera exposición científica en el área de química.
Ya en la Universidad, durante sus incipientes estudios de medicina; observa por vez primera una neurona fotografiada por el doctor Orlando Castejón, con un microscopio electrónico. “Me pareció hermoso y a la
vez increíble que tuviéramos millones de ellas, de tantas formas y tipos. También me intrigaba la idea de que mis pensamientos y sentimientos tuvieran asiento en células tan bellas y complejas a la vez”.
Sus metas académicas la llevaron rumbo a Harvard, donde se especializó en psiquiatría biológica. No conforme con ello, en 1992,
cursa en la misma institución una maestría en Patología. Pero sus
neuronas inquietas querían más, y en el 96 obtiene un PhD en
Patobiología en la Universidad de Columbia, en Nueva York.
Maestre explica que en LUZ, realiza investigación integrativa. “Mi formación me permite aplicar cualquier técnica que sea necesaria para resolver un problema; y el problema que me intriga es la memoria: En especial, quiero saber qué pasa con la memoria de las personas
cuando envejecen, cuando algunas de ellas no pueden siquiera
reconocer a sus seres queridos. Por ejemplo, la enfermedad de
Alzheimer –uno de los temas centrales de la investigación de
Gladys- roba a las personas lo más preciado: sus afectos y
recuerdos. De manera que el trabajo que hacemos para investigar
sobre ese problema abarca desde la epidemiología genética y la
biología molecular, hasta la sociología y la antropología”.
Maestre actualmente lidera el proyecto “Estudio Maracaibo del envejecimiento”, que se lleva a cabo en la parroquia Santa Lucía, desde 1997. En él participan cerca de 3500 personas mayores de 55 años. Su principal objeto de estudio son los aspectos cardiovasculares que, se presume, afectan la memoria de los habitantes de esa zona de la
ciudad.
Esa aguerrida científica criolla, con un orgullo profundo asegura que la
investigación en LUZ es bastante promisoria. Considera, incluso, que
se están haciendo cosas muy buenas en distintas áreas con criterios
de calidad. “Eso en parte se debe a que hemos tenido siempre oportunidades de educarnos en los más altos niveles, por lo que nuestros investigadores están muy bien formados e informados. Otra cosa que para mí siempre ha sido muy importante, es el sentido de pertenencia de los investigadores hacia LUZ. Esta es nuestra casa grande y a ella nos debemos.
A los investigadores noveles, Gladys Maestre les recomienda
concienciar un hecho importante: para lograr cosas extraordinarias
se requiere hacer esfuerzos extraordinarios. Con toda la autoridad
que le otorga su experiencia dice que “un investigador no tiene
horario. Eso hace difícil llevar adelante la vida familiar y social. Es duro
a ratos, sobre todo cuando las cosas no salen como aspiramos. No
obstante, con una preocupación sólida, haciendo las cosas bien y
siendo consientes y persistentes en el tiempo, no hay manera de que
el resultado no sea bueno. Definitivamente tienen que estar dispuestos
a hacer ese esfuerzo extra que conlleva la ciencia. Pero creo
francamente que ¡bien vale la pena!”
El Vicerrectorado Académico, a través del Consejo de Desarrollo
Científico y Humanístico, sirve de apoyo a cientos de científicos que,
como Maestre, desean emprender proyectos que requieren
financiamiento y apoyo institucional para hacer crecer esta hermosa
casa de estudios como un frondoso árbol. Así, LUZ exhibe sus frutos,
mediante la producción de sus investigadores, y los brinda al entorno
al cual se debe.
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