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Universidad del Zulia Facultad del Medicina - LUZ Instituto de Investigaciones Biológicas - LUZ
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Población adulta mayor en Venezuela
Censo Nacional de Población y Vivienda: 2.774.786
Proyecciones para 2015: 3.154.716
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“La vejez es satisfactoria si se programa”

Profesora Marialcira Quintero.
Foto: Edvin Jaimes.

La profesora de la Universidad del Zulia (LUZ) y coordinadora de la Escuela para Adultos Mayores y del Programa de Formación de Facilitadores de la Escuela para Cuidadores de FundaConCiencia, Marialcira Quintero Osorio, recomienda a las personas preparar su vejez.

“Los jóvenes tienen que pensar en su vejez, porque ésta es una etapa distinta a las que han vivido ya, y requiere de más cuidado, recursos económicos, del afecto de la familia y de amigos, al igual que protección social del Estado”, afirmó Quintero. La profesora de LUZ señaló que las personas deben prepararse para vivir como adultos mayores, por lo cual es fundamental tener una vivienda propia, fomentar los nexos familiares y contar con al menos una fuente económica. “Hay que pensar en el ahorro económico para la vejez, porque se deja de producir dinero porque no se encuentra trabajo después de los 40 años a pesar de la experiencia. También es importante cuidar la salud física, porque no es lo mismo ser un adulto mayor sano, que llegar a esa etapa de la vida enfermo, debido a los gastos económicos que implica.

La vejez es satisfactoria si se programa, se planifica y se cuida”, explicó Quintero.

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Derechos de la tercera edad según la Organización de Naciones Unidas (ONU)

• Vivir con dignidad: Acceso a una vida íntegra, de calidad, sin discriminación de ningún tipo y respeto a la integridad psíquica y física.

• Con Independencia: Nadie puede coaccionarlos a actuar en contra de su voluntad.
Son personas adultas con autonomía racional e ideas propias.

• Seguridad y apoyo jurídico: Protección contra toda forma de discriminación, derecho a un trato digno y apropiado, y que las instituciones velen por ello y actúen cuando sea necesario.

• Autorrealización: Las instituciones deben brindar la oportunidad de adquirir conocimientos sea cual sea la edad, y acceder con igualdad de oportunidades a un trabajo sí lo desean.

• Participación: Tienen derecho a seguir siendo tomados en cuenta, en especial en las decisiones que los afecten.

• Cuidados: Derecho a las necesidades básicas como una vivienda digna, alimentos, servicios médicos, sanitarios, asistenciales, entre otros.

   
Boletín Digital Neurociencias 2012

Guillermo Arteaga está recluido en el “Hogar San José de la Montaña”
“Estar en el asilo es como estar muerto”
Vanessa Vera Gutiérrez
Tomado de: Diario Versión Final, Reportaje. Pág. 8. Maracaibo,
lunes, 5-11-2012.

El Zulia es uno de los estados del país con mayor cantidad de adultos mayores de acuerdo al censo realizado por el gobierno nacional en 2011.

La planificación es la clave para una vejez tranquila. Las proyecciones indican que para 2015 más de tres millones de venezolanos serán adultos mayores.

 
Guillermo Arteaga tiene 87 años de edad, y los últimos 17 años de su vida han transcurrido en centros de atención al adulto mayor. Foto: Johan Ortega.

Al entrar por la puerta trasera del “Hogar San José de la Montaña”, los pasillos con pasamanos para que las personas de la tercera edad puedan caminar conducen hasta la “Sala Comedor Padre Olegario Villalobos”. En ese lugar, sentado con la mirada en el horizonte sosteniendo un celular en la mano permanece en las mañanas el señor Guillermo Arteaga, quien desde el pasado 31 de enero de 2012 ingresó a este asilo, ubicado en la avenida “Falcón” de la ciudad de Maracaibo.

La impresión que causa el señor Guillermo de estar aislado de la realidad contrasta con la calificación “de ser el alma de la fiesta” que le han otorgado. Su seriedad es causada por los problemas auditivos, que le dificultan escuchar lo que sucede a su alrededor.

“Comer, dormir y venir a la enfermería es lo que hago aquí”, respondió al preguntarle sobre su rutina en la institución benéfica que está al servicio de las personas de la tercera edad. Vestido con una chemisse lila, pantalón beige y gorra negra, relató que en los últimos 17 años de su vida ha estado recluido en asilos de la ciudad, ya que su familia asegura tener “muchas ocupaciones” para encargarse de él.

“Cuándo tenía 70 años aún tenía ganas de trabajar, pero ya nadie me daba empleo y como mi familia no podía atenderme decidí entrar al INAGER (Instituto Nacional de Geriatría y Gerontología), antes se llamaba así. Ahí pase 16 años de mi vida”, dijo Arteaga. A sus 87 años relata que los primeros días dentro del asilo fueron difíciles para él, la tristeza lo embargaba por estar solo y sin el amor de su familia. “Cuando uno entra es triste estar aquí, pero después a uno se le va olvidando. Estar en el asilo es como estar muerto, porque se acuerdan de uno los primeros días, después se olvidan”, afirmó Arteaga. No sin antes aclarar que su llegada al “Hogar San José de la montaña” fue menos traumática: “Aquí hay más amor”.

La soledad lo embarga por momentos y el no poder desempeñarse
como una persona útil lo aflige, pero pese a estos momentos duros que ha vivido mantiene intacta la alegría en su rostro, y busca contagiar al resto de los adultos mayores
con su sonrisa.

A la espera de una llamada

De aproximadamente un metro ochenta de altura, tez blanca, ojos grises y el pelo lleno de canas, Guillermo Arteaga nació el 8 de julio de 1925, en “El Saladillo”. “Soy gaitero, pero no canto”, expresó con alegría. Es divorciado y tiene seis hijos, quienes le han dado dos celulares para estar en contacto con él. “Se la saben todas, me dieron dos celulares para llamarme, pero no lo hacen todos los días, sólo a veces me llaman”, aseguró.

Su rutina empieza todos los días a las seis y treinta de la mañana cuando se despierta y se prepara para salir a tomarse su “cafecito”, y se sienta a hablar con sus amigos, refiriéndose al resto de las personas de la tercera edad que permanecen en el lugar. Mientras transcurre el día, el señor Guillermo camina entre los pasillos silenciosos del “Hogar San José de la Montaña”, no permanece tantas horas sentado, porque esto le produce dolor de espalda.

El señor Guillermo contó que no todo es fácil en el asilo, porque ha tenido que aprender a convivir con personas que tienen caracteres distintos, y eso crea conflictos entre ellos, sobre todo en las habitaciones, porque aunque son amplias 40 adultos mayores duermen
en el mismo cuarto. “Aquí hay unos que tienen muy mal carácter, no les puede dar uno los buenos días. Hasta la familia me han sacado, pero ya no les hago caso, dejo pasar las cosas que dicen y hacen”. Fanático de la radio, todas las tardes después de cenar, escucha sentado en su cama su programa favorito, y cuando termina la transmisión a las seis y treinta de la tarde se acuesta a dormir.

Con su celular siempre en la mano esperando la llamada de algún familiar, que en ocasiones se demora días para llegar, señaló que le gustan las actividades especiales que organizan en la institución, porque colocan música. “La música me encanta, me agrada, eso ayuda a olvidar las penas”. Al hablar de las penas se entristeció su mirada, pero rápidamente expresó: “Me gustan las guarachas para bailarlas, y los boleros, porque con eso pego cachete con cachete y ombligo con ombligo, siempre con el debido respeto por las mujeres”.

Su fe y creencias religiosas se evidencian en los dos rosarios que lleva en su cuello y muestra cuando dice que es creyente de la Virgen del Rosario de la Chiquinquirá. “Prefiero a la Chinita que un plato de comida bien preparado”, exclamó para no dejar dudas sobre su devoción. Al hablar de su fervor mariano lamentó el tener 17 años sin asistir a la Basílica para visitar a su amada Chinita. “Yo quisiera que me llevaran a visitarla, estoy muy agradecido por los deseos que me ha concedido”. El testimonio del señor Guillermo Arteaga es uno de los tantos que a diario pueden escucharse entre los adultos mayores que se encuentran refugiados en las instituciones que se dedican a atender a estas personas, y que manifiestan su tristeza por permanecer alejados de sus familias.

¿Por qué están asilados?

Según el Censo Nacional de Población y Vivienda realizado por el gobierno nacional en 2011, el estado Zulia es uno de los estados del país que cuenta con mayor población adulta. En la Fundación “Hogar San José de la Montaña” les dan cobijo a las personas mayores más necesitadas desde hace 91 años, cuando el sacerdote Olegario
Villalobos creo esta institución, que está a cargo de la “Primera Congregación de las Hermanitas de los Pobres de Maiquetía”, quienes se dedican a atenderlos con devoción y cuidado.

Marialcira Quintero Osorio, profesora de la Universidad del Zulia (LUZ) y coordinadora de la Escuela para Adultos Mayores y del Programa de Formación de Facilitadores de la Escuela para Cuidadores de FundaConCiencia, explicó que para las personas mayores es un motivo de tristeza, que tiene repercusiones en la salud física y emocional el estar alejados de su familia. “La vejez en soledad es muy triste”, señaló la profesora. Quintero señaló que razones de diferente índole son las causas por la que muchas veces los adultos mayores no están cobijados por familiares, debido a que en la sociedad zuliana la familia sigue siendo el pilar de apoyo de las personas.

“La causa más importante por la que una persona termina recluida en estos hogares o centros de atención al adulto mayor, es porque no se ocupó de su familia. Cuando los hijos crecen sienten que no tienen ninguna responsabilidad o nexo afectivo con esa
persona que no estuvo con ellos, muchas veces pierden contacto y, simplemente, no saben que sus papás o abuelos están viviendo en una casa hogar”, aseveró Quintero.

Para la profesora del Programa de Formación de Facilitadores de la Escuela para Cuidadores de FundaConCiencia es difícil que una persona mayor sea abandonada por sus hijos si ha sido un padre afectuoso, colaborador e integrador de la familia.
“Es sumamente difícil que las personas que atendieron a sus familias terminen en un asilo, usualmente van para los hogares, las personas que no tienen quienes los cuiden, y buscan refugio en estos sitios”, recalcó Quintero.

En el “Hogar San José de la Montaña” viven aproximadamente 70 adultos mayores, y laboran 16 personas, quienes junto con cinco hermanas se dedican de manera desinteresada y generosa a atenderlos y cuidarlos. Para las personas que están recluidas en los asilos o centros de atención al adulto mayor no todo es malo, ya que según explicó la profesora de la Universidad del Zulia, éstas logran establecer nexos afectivos con el resto de las personas que permanecen ahí y que no son parte de su familia consanguínea.

“Se vuelven amigos, hacen cosas juntos, pero cuando las personas no tienen una ocupación o algo en qué entretenerse el tiempo se les hace eterno y no le encuentran sentido a la vida”, afirmó la especialista. Según la especialista en Venezuela la familia sigue siendo “el principal sistema de soporte afectivo, económico y de vida de las personas mayores”, por lo cual es necesario fomentar en los niños el valor de los adultos mayores.

“Es importante que desde pequeños los niños aprendan a querer y a respetar a los abuelos, porque así van aprendiendo el significado de los mayores. Lo mejor es que los mayores estén con sus seres queridos disfrutando de lo que sembraron en su vida”, enfatizó la profesora de LUZ.

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