Según la coordinadora del convenio
LUZ-Universidad de Columbia, Gladys Maestre, el trabajo de
Kirschen forma parte de la ampliación de las relaciones con
otras instituciones universitarias de Estados Unidos,
partiendo de la experiencia que ya se tiene con Columbia. En
esta oportunidad se está apoyando una investigación
interesante que explora el área neuroética en los
profesionales de la medicina, docentes, estudiantes y
enfermeras.
Kirschen explicó que la investigación comprende
la aplicación de un instrumento en Venezuela (en LUZ) y otro
en Stanford, bajo la asesoría de Judy Illes; aquí en Maracaibo
se utilizará un instrumento con cinco preguntas y una serie de
principios comunes característicos que permiten explorar
aspecto éticos en médicos docentes, estudiantes y
enfermeras.
Durante seis semanas Kirschen aplicará su
instrumento para explorar
los conocimientos de neuroética
en Venezuela, se escogieron grupos
que tengan conocimiento
sobre ética y del cerebro.
Por eso las preguntas están
relacionadas con determinar, en una escala de 1 a 7 y
partiendo de los principios previamente establecidos, si el entrevistado está de acuerdo o en desacuerdo con (primer
ítem) retirar el soporte ventilatorio a alguno de mis
pacientes que esté en un estado vegetativo persistente; el
segundo se relaciona con la posibilidad de asistir a algún
paciente con una enfermedad progresiva fatal a suicidarse, si lo pidiera directamente el paciente o su responsable
legal.
El tercer ítem refiere a si el entrevistado actuaría
en procedimientos de
transferencia de tejido/órganos que
favorezcan a mis pacientes; el cuarto (es hipotético) esta
relacionado con la introducción de un medicamento en el
mercado que regula las funciones cerebrales, sin efectos secundarios significativos adversos y con costo mínimo;
más adelante la pregunta pide al entrevistado si el
fármaco debe estar disponible para pacientes normales y
saludables, sin problemas médicos, físicos o mentales,
considerando seis posibles beneficios que puedan
recibir.
El quinto ítem se refiere a la posibilidad de
utilizar un dispositivo introducido en el mercado y que
puede ser implantado en el cerebro que puede ser
controlado externamente con un computador y que regula las funciones cerebrales.
Con estas interrogantes, dijo Kirschen, se
busca determinar en este
grupo académico de Stanford y
LUZ, sus consideraciones cuando
piensan sobre los tópicos
médicos referidos, específicamente en el
campo de la
neurociencia, estableciendo las diferencias de principios
que pueden incidir en sus decisiones y prácticas médicas,
especialmente en las relacionadas con el cerebro.
El
estudio busca comparar las tendencias entre los profesionales
de la
medicina de Venezuela y Estados Unidos, en las que
coinciden y en las
que no, más ahora que el mundo de
científico y de la salud pública está
influenciado por la
evolución y uso de instrumentos tecnológicos y de
medicamentos altamente desarrollados.
Ética mediadora
Para su investigación, dijo Kirschen, la
opinión de estudiantes y profesionales es importante porque
ahora y en el futuro ellos toman decisiones para el uso de
instrumentos tecnológicos y medicamentos, de acuerdo con los
casos y las posibilidades físicas y económicas de los
pacientes.
El trabajo explora los principios tradicionales
de bioética, los derechos individuales, al autonomía y los
beneficios que influyen en la medicina moderna; las preguntas
del cuestionario parten de esos fundamentos que son los que
regulan la decisión de cómo y cuándo utilizar la tecnología y
los medicamentos, y como existen variaciones de uno a otro
médico.
Con respecto al uso de la tecnología o de
medicamentos, Kirschen cita como ejemplo, que si una persona
tiene una enfermedad cerebral, el avance en este campo puede
favorecerlos para mejorar su memoria, pero si existe un
estudiante que no tiene ningún problema y desea mejorar su
rendimiento (alterando sus funciones) puede utilizar estos
aliados para presentar una prueba y pasar con buena nota,
superando a quienes con su esfuerzo y sacrificio natural pasan
su examen.
Aquí entran en conflicto los principios éticos y
las formas de actuar de los médicos, en el instante de decidir
la utilización de los avances de la ciencia médica para
distintos fines, en unos necesarios y en otros no.
El uso de la tecnología también es una
variable que se estudia dado los riesgos éticos que lleva en
su interior, explicó Kirschen, “si tu colocas un chips en un
cerebro humano y lo controlas con una computadora, la
responsabilidad de quien lo programe es alta y es aquí cuando
intervienen los principios que regulan el comportamiento
humano, ese es uno de los motivos de esta investigación”. |